ERROR NO DE CÁLCULO

¿CiU DA EN EL clavo o se clava un martillazo al desmarcarse de PP y PSOE?

Artículo de XAVIER BRU DE SALA en "La Vanguardia" del 3-9-02

Tal vez encuentran exagerado llamar bandazos a los últimos movimientos de CiU con relación a la política española, capitaneada por el PP. Si no llegan a bandazos, falta poco, y en política cuenta antes que nada lo que se ve en el escenario, no los guiones o el juego entre bambalinas. En todo caso, sí sería injusto atribuir el origen de tales bandazos -si lo prefieren bordos a babor y a estribor- a la improvisación, al nerviosismo o al simple y huidizo pavor. Siendo la situación lo contrario de plácida, CiU la afronta, y con sumo cuidado. Si algunos de sus dirigentes hace poco que conducen y no atienden al retrovisor, otros cargan ya con un saco de experiencia, aunque ninguno de ellos, ni Pujol, se había encontrado tan desprovisto de firmes anclajes y buenas cartas como ahora. ¿Cómo reaccionan? Hacen lo más aconsejable en estos casos. En vez de esconder la cabeza bajo el ala, ir a remolque de la situación o seguir la estela del más fuerte se empeñan en andar por sus pasos, pero con sumo cuidado al escogerlos. El lema de CiU para este nuevo curso es calcular, calcular, calcular y luego moverse.

Otra cosa es el acierto, porque ya se sabe que cuanto más complejas son las operaciones, y más pizarras se llenan, más posibilidades hay de incurrir en un fallo o descuido, máxime cuando el tiempo apremia y no da para muchas comprobaciones. Y otra cosa aún, atreverse a calificar de acierto o error cada movimiento resultante, sin ponerse en el lugar de CiU y repasar sus cálculos o esperar el resultado final, el inapelable veredicto de las urnas. Por desgracia, sin ese atrevimiento no existirían los analistas políticos.

Vayamos al grano. ¿Da en el clavo o se clava un martillazo en la mano al desmarcarse de PP y PSOE después de haber votado a favor de la ley de Partidos? ¿No equivale la abstención a bajarse del tren en marcha? ¿Sería mejor no haber subido? ¿Se trata de una grave incoherencia o de un hábil modo de estar dentro y fuera al mismo tiempo, como los fotones de la cuántica, que pasan por dos agujeros a la vez sin desdoblarse? No es una cuestión baladí, ya que la ilegalización de Batasuna es el acontecimiento político más relevante de

esta legislatura. Si quieren que diga mi opinión, o más bien intuición, aunque sea irrelevantes, creo que CiU acertó al subirse al tren y yerra al bajarse, aunque el error no es de cálculo, sino de principio o fundamento.

El objetivo final del grueso del nacionalismo catalán es una España de veras plural, que se reconozca en su diversidad y se fundamente en ella en vez de seguir laminándola. El objetivo del nacionalismo vasco, también del democrático, es la independencia, romper España en vez de recomponerla. Coinciden, eso sí, en su forcejeo contra el neocentralismo, que no es ningún invento, y es lógico que en más de cien ocasiones vayan del brazo. Pero no en ésa. Son los catalanes quienes, en vez de dejarse reñir, deberían reprender a los vascos por no priorizar el respeto a las normas democráticas de todos los partidos. Eso les daría fuerzas para hacer un discurso de Estado opuesto al de Aznar: estar contra el fascismo de los violentos, lejos de identificarse con embestir la diversidad, debería ir acompañado de su mayor reconocimiento.

Ocurre que esta vez, en CiU, el cálculo ha sustituido al principio. En vez de afianzar su posición, intentan dilucidar qué segmentos de su electorado aplauden, comprenden, perdonan o reprueban sus movimientos, y hasta qué punto. En vez de plantar su bandera, la agitan. ¿Cosechar votos sembrando incoherencia? Al menos no perderlos, según el cálculo.