ERC Y BATASUNA
Editorial de "La Vanguardia" del 11-9-02
Una noticia, que revelaba contactos de Esquerra Republicana de Catalunya
(ERC) con Batasuna para que ETA dejara de atentar en Cataluña, ha provocado una
agria polémica, que la política catalana no necesitaba para nada. Sin embargo,
la sola posibilidad de que un partido democrático, como ERC, pretendiera
obtener una tregua "por separado" ha desatado un alud de críticas, de
inmediato contestadas por las correspondientes matizaciones de los más altos
dirigentes de Esquerra. Inútil decir que tras los primeros compases del
rifirrafe, la situación, lejos de aclararse, lleva camino de envenenarse aún
más. Que Batasuna, por medio de Arnaldo Otegi, haya admitido la existencia de
esos contactos precisando que el secretario general de ERC, Josep Lluís Carod,
le transmitió su inquietud por los atentados de ETA en Cataluña, poco favor le
hace a Esquerra y a su líder, quien por lo visto concedió tanta importancia a
esa operación, que decidió llevarla en persona.
ERC tiene el derecho a dialogar con quien quiera, aunque, como cualquier otro
partido político con representación parlamentaria, está igualmente obligado a
que sus movimientos tácticos sean lo más claros posibles. Argumentar, como han
hecho sus dirigentes, que otros partidos han hablado también con Batasuna ni es
novedad ni desmiente nada. Es el fondo y la intencionalidad de esas
conversaciones lo que se ha puesto en tela de juicio y aquí las contundentes
proclamas escuchadas hasta ahora no han dejado satisfechas a las demás fuerzas
políticas, ni en el ámbito catalán ni en el estatal. Tampoco las apelaciones
a conjuras, reales o imaginadas, para aislar a ERC y perjudicar políticamente a
los partidos nacionalistas contribuyen a iluminar un escenario en el que no debe
haber sombras. El combate contra el terrorismo, en cualquiera de sus escenarios,
admite pocos experimentos. Pretender territorializarlo, para delimitar zonas
exentas de atentados, equivale a una abdicación del esfuerzo común, en el que
deben participar activamente todos los que rechazan la violencia y el terror
asiduamente alimentados por ETA.
ERC tiene una trayectoria democrática que no precisa prueba alguna.
Precisamente por ello, sus dirigentes, sin renunciar a ninguno de sus
principios, deben actuar con total transparencia en la lucha por la paz. En este
proceso, nadie puede echarse a un lado.