TRAMPAS NACIONALISTAS SOBRE LA ILEGALIZACIÓN
Artículo de Edurne Uriarte en "ABC" del 4-9-02
El artículo de Juan Tapia sobre los inconvenientes de la ilegalización de Batasuna (1 de septiembre, 2002) representa lo que considero la asunción poco crítica, algo ingenua y, además, inmune a los hechos, es decir, inmune a los hechos del PNV, que una parte de la opinión pública española ha realizado del discurso nacionalista sobre el problema vasco. Juan Tapia asume incluso la autodeterminación, es decir, la independencia, es decir, la desintegración de España que reclama el nacionalismo (con ese eufemismo de la libre voluntad del pueblo vasco). Pero, sobre todo, el artículo de Tapia incorpora en mi opinión todas las trampas que el discurso nacionalista ha lanzado sobre la ilegalización de Batasuna.
Sorprende que sigamos dando crédito a esas trampas cuando han sido ideadas por el PNV, es decir, un partido que, no sólo está en desacuerdo con la ilegalización, sino que no está persiguiendo el terrorismo con claridad (véanse las declaraciones del jefe antiterrorista de la Ertzaintza estos días), que señala que el terrorismo se debe a un conflicto político, que los asesinados lo son en virtud de ese conflicto político, y que hay que dialogar con los asesinos. Estamos hablando de un partido que está colaborando con Batasuna desde el Pacto de Estella, que practica la exclusión con los no nacionalistas, que reclama la independencia y que está ofreciendo, directa o indirectamente, una enorme legitimación al discurso del entramado terrorista.
De hecho, si hay un solo problema que va a entorpecer el proceso contra Batasuna, es decir, la lucha contra el terrorismo, ese elemento es la actitud del PNV, no sólo su falta de colaboración decidida en la lucha antiterrorista, sino, sobre todo, su discurso legitimador y protector del entramado terrorista. Ahí está la auténtica clave de la pervivencia del terrorismo, en el apoyo y protección que está dando el PNV a todo ese mundo, en su negativa a sumarse de una vez a todos los demócratas en la lucha por la libertad. No es que el PP haya incorporado al PNV a la lista de enemigos públicos, es que el PNV se ha colocado él solo en la lista de protectores de Batasuna, lo que es algo bien distinto.
Y mientras no entendamos esto, poco podemos hacer para avanzar en la deslegitimación social del terrorismo. Mientras haya políticos o analistas que persistan en tratar al PNV como una víctima de constitucionalistas exaltados, causarán el efecto deseado y buscado por este partido, es decir, reforzar la idea de que el problema no está en los que legitiman al terrorismo con su tesis del conflicto político y de las dos partes, sino que el problema está en los que defendemos la libertad y pretendemos acabar con ETA a través de todos los instrumentos del Estado de derecho. Como si ese PNV que mantiene el Pacto de Estella con Batasuna, tras un pacto previo con ETA, fuera un objetivo de los intolerantes, comparable a los perseguidos por el fanatismo de la otra parte, es decir, de ETA. En definitiva, el perfecto discurso nacionalista del problema vasco como enfrentamiento entre dos extremos comparables, ETA y PP.
Veamos las cuatro trampas nacionalistas que incorpora Juan Tapia en su artículo. Dejo a un lado la última, la de la comparación con Irlanda del Norte, comparación sobre cuya inadecuación argumentaba con inteligencia Joseba Arregui en un artículo publicado el mismo día. Empiezo con la cuarta, que es la más grave, la del peligro de escisión política entre España y Euskadi. Tapia asume aquí el concepto nacionalista de Euskadi, es decir, de la Euskadi diferenciada de España y enfrentada a España, como si la posición nacionalista fuera la que representara a Euskadi, tal como pretenden los nacionalistas. Pues bien, al menos la mitad de los vascos estamos a favor de la ilegalización, y no sólo no vemos en esto la escisión con España, sino que la ilegalización nos hace redoblar nuestra confianza en las instituciones políticas, en nuestro Estado y en nuestra nación, es decir, nos hace sentir que España no es sólo una nacionalidad accidental sino el nombre del Estado y de la nación de ciudadanos que nos protege de los terroristas. Si hay escisión será la de los nacionalistas con España, pero no de los vascos o la de Euskadi con España. Y los nacionalistas ya estaban escindidos desde mucho tiempo atrás.
Tapia hablaba también del peligro de simplificación, porque el terrorismo es un fenómeno complejo, y nadie ha podido acabar con él. Precisamente porque sabemos que el terrorismo es complejo, también sabemos que tiene un entramado social y político que lo sostiene y en el que por fin hemos podido penetrar. El terrorismo no consiste en cuatro comandos, efectivamente. Hay un conjunto de organizaciones que lo sostienen, lo alimentan y mantienen el terror de la población. El grave problema es que todas esas organizaciones actuaban hasta ahora con impunidad y con financiación pública mientras los ciudadanos pensaban que no merecía la pena luchar contra un entramado que hasta el Estado consentía.
En relación con el peligro de la privación de expresión política a una parte de la sociedad vasca, este argumento, muy querido a los nacionalistas, no deja de sorprenderme. Porque no me cabe la menor duda de que no se utilizaría si estuviéramos hablando de un partido violento de extrema derecha. ¿Alguien defendería la conveniencia de dar un cauce de expresión a ideas y comportamientos nazis? La anomalía de la democracia española es que se siga pensando que sí.
Y en cuanto a la teoría de que muchos votos batasunos son contrarios a ETA, esa es la máxima ingenuidad que se puede aplicar al tema vasco. Los votantes batasunos no sólo apoyan a ETA sino que celebran cada asesinato y piden más en cada una de sus manifestaciones. Y cuando han votado a PNV-EA como en las pasadas autonómicas no lo han hecho como repulsa a la violencia sino para impedir el triunfo de los «españoles», algo intolerable para su ideología xenófoba.
Otra cosa es que la ilegalización reforzará inicialmente el voto del PNV porque los votos batasunos se dirigirán ahí. Pero ése no es el problema de los demócratas. Ese es el problema de un PNV que persista en el discurso que atraiga esos votos. Un PNV claramente alineado con los demócratas ahuyentará el voto violento. Y entonces el voto violento se convertirá en un voto marginal como lo es en cualquier sociedad democrática donde no encuentra la comprensión que sí encuentra en la nuestra.
Por último, Juan Tapia habla de caza de brujas por las críticas que muchos hemos dirigido a CiU o a Maragall. Pero es que no es un problema de los demócratas que algunos no hayan entendido que estamos ante una defensa de principios democráticos básicos. Ya no caben más digresiones, ni más discusiones estéticas, ni más coqueteos con las gentes que sostienen o legitiman el terrorismo. Hay momentos históricos en los que se está con la libertad o no se está. Y toda posición intermedia o dubitativa no es más que un balón de oxígeno para los que están al otro lado de la democracia. El terrorismo se ha alimentado de nuestros matices durante veinticinco años. Y el terrorismo acabará cuando hayamos sustituido definitivamente esos matices por los principios democráticos.